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Tras la pista de Wilder
Cuando se utilizan palabras como nobel, sádico, guillotina, bidet, sandwich o masoquista, nadie piensa en la persona que se esconde tras sus bambalinas, aunque el lenguaje deja constancia de la impronta social del personaje que las originó. El idioma hablado está lleno de esas referencias en todos los ámbitos: oímos hablar de amperios, voltios, watios, ohmnios, de nepotismo, de simonía, de keynesianos, de stajanovistas, de estilo felliniano, lorquiano, machadiano, de luteranos, budistas, cristianos, mahometanos o calvinistas.
Viene el asunto a cuento de rememorar la figura de Wilder y lamentar que la lengua no le haya guardado su espacio, aunque solo fuese un pequeño moisés o quedase recluído en sus mansardas. Claro que Welles Wilder se dedicó a una faceta exclusivista y escasamente popular como es el análisis técnico de la Bolsa, pero tampoco puede decirse que las catilinarias, las filípicas, los cicerones, lo platónico, o lo aristotélico surgieran de actividades populares.
Wilder se volcó con minuciosidad goyesca en el estudio del comportamiento de las Bolsas y en épocas en las que los ordenadores eran una quimera, ingenió con ciclópeo esfuerzo numerosas técnicas matemáticas, sin necesidad de usar lagrangianos o hamiltonianos, para anticipar el curso de las cotizaciones.
En su labor de lazarillo bursátil su más conocido invento es un oscilador llamado RSI, abreviatura inglesa de índice de Fuerza Relativa. La idea de Wilder fue la de valorar para un determinado periodo de días, usualmente entre 10 y 15, el promedio de alzas y el promedio de bajas del precio de un valor, componiendo el índice de forma tal que la medida estuviese estandarizada para cualquier valor, oscilando entre cero y cien. Si el RSI mide 50 significa que el promedio de alzas y bajas tienen la misma fuerza relativa, por lo que se encuentran salomónicamente equilibradas. Por contra, cuando el RSI mide más de 70 expresa un exceso de las alzas, lo que es síntoma de sobrecompra y avisa de posibles bacanales bajistas. Cuando el RSI vale menos de 30 está dando aviso de exceso de sobreventa lo que deja abierta la posiblidad de obtener algún bolívar o algún luis comprando el valor antes de que se produzca la subida de la cotización.
Un defecto que se achaca al RSI es que se mueve en el mismo sentido que las cotizaciones, pero ese característica es una virtud aprovechable para anticiparse al mercado, puesto que si se produce divergencia entre los movimientos del RSI y los de la cotización, el oscilador está preavisando de que la cotización va a cambiar de rumbo.
A pesar de la bondad del RSI como instrumento, no todo en él es apolíneo. Se trata de un oscilador líder, y su mesianismo, anticipándose al mercado, puede acabar dando frutos dantescos, si no se le vigila estrechamente. No es que sea un rasputín, pero si se le sigue fielmente, sin atender a otros criterios, puede comportarse como una mata-hari. Curiosamente, una actitud maquiavélica en el trato con el RSI, dada su popularidad, incluso da buenos resultados. Si se actúa justo al contrario de lo que supuestamente indica, vendiendo cuando avisa de sobreventa y comprando cuando avisa de sobrecompra, no necesariamente se forma una zapatiesta ni surge de ello un cóctel molotov.
¿Significan esos resultados contradictorios que el RSI es un instrumento que solo sirve para bailar el charlestón?. No lo creo. Antes al contrario, pienso que la popularidad se le ha colado de estraperlo y que, en consecuencia, es hora de despojarlo de su nombre técnico y atribuirle su paternidad. Para el próximo año jacobeo quizás mejor llamarlo simplemente Wilder.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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