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Psicología del mercado bursátil (Lars Tvede)
Ascensión y caída de un especulador profesional
En 1891, un muchacho de 14 años cuyo nombre era Jesse Lausten Livermoore se colocó como auxiliar para el tablero de cotizaciones en una oficina de intermediación bursátil de Nueva York. Jesse tenía una excelente memoria y pronto empezó a caer en la cuenta que unos peculiares movimientos de los precios tendían a preceder a todas y cada una de las grandes subidas y bajadas del mercado. Tal circunstancia despertó su interés y empezó a tomar notas periódicas de ello en un pequeño cuaderno. Cada día anotaba lo que esperaba que hicieran los precios al día siguiente. Llegado éste, comprobaba sus predicciones con las transacciones reales. Al cabo de algún tiempo estaba seguro de que podía hacer unas predicciones bastante acertadas.
Un buen día, uno de los auxiliares de más edad dijo a Jesse en la oficina que se había enterado de un informe confidencial de las acciones de Burlinton. Jesse comprobó los movimientos anteriores de las cotizaciones del papel en cuestión y estuvo de acuerdo en que las acciones parecían a punto de experimentar un avance inmediato. Juntos decidieron "jugar a la bolsa". La única cosa que necesitaban eran cinco dólares si optaban por invertir a crédito en una de las numerosas oficinas ilegales de mediación bursátil. Así pues, empezaron a invertir tal como lo habían planeado y al cabo de dos días realizaron sus beneficios. Jesse había ganado 3,12 dólares.
Jesse comprobó los movimientos anteriores de las cotizaciones del papel en cuestión y estuvo de acuerdo en que las acciones parecían a punto de experimentar un avance inmediato. Juntos decidieron "jugar a la bolsa". La única cosa que necesitaban eran cinco dólares si optaban por invertir a crédito en una de las numerosas oficinas ilegales de mediación bursátil. Así pues, empezaron a invertir tal como lo habían planeado y al cabo de dos días realizaron sus beneficios. Jesse había ganado 3,12 dólares.
Ese fue el principio de una de las más notables carreras que ha conocido el mundo dentro del terreno de la especulación. Jesse Livermoore no tardó en invertir regularmente en las oficinas ilegales de intermediación bursátil de todo Nueva York. Con su extraordinario talento para interpretar las fluctuaciones minuto a minuto de los valores ganó una considerable cantidad de dinero.
Sin embargo, al cabo de algunos años su instinto era tan notorio en toda la ciudad que no había oficina ilegal que le dejara invertir. Durante algo más de tiempo estuvo operando bajo nombres ficticios, pero finalmente tuvo que desplazarse a San Luis, donde pudo operar durante un breve período antes de que le afectara el mismo problema de la notoriedad. Para entonces ya era conocido y temido entre los propietarios de las oficinas ilegales de inversiones bursátiles de todo el país, donde ya se le apodaba el "gran especulador juvenil". Después de operar en estas oficinas ilegales durante algunos años, Jesse estuvo en condiciones de acudir al auténtico mercado bursátil. Aunque su carrera operativa fue muy inestable al principio, termino acumulando más de 30 millones de dólares (de los de entonces ) con sus propias operaciones.
En los grandes hundimientos bursátiles hay perdedores, los que compran y venden a destiempo, pero por fuerza ha de haber ganadores, los que dieron contrapartida a los perdedores. Jesse Livermoore fue uno de los ganadores en el crash de 1929, mientras Groucho Marx estuvo entre los perdedores. Por aquella época, en plena madurez, Jesse era un hombre muy famoso, temible y temido. Tanto que cuando se iniciaron las primeras grandes caídas, algunos las atribuyeron a una maniobra de manipulación del mercado promovida por él. Así lo cuenta Galbraith:
"En los primeros días del crac se creyó que Jesse L. Livermore -un bostoniano de grande e incuestionablemente exagerada reputación de especulador bajista- era el jefe de un sindicato que estaba acelerando la ruina del mercado. Estos rumores llegaron a ser tan persistentes que Livermore, a quien pocos hubieran supuesto sensible a la opinión pública, hizo una declaración negando formalmente su participación en cualquier clase de complot deflacionario. Mis pequeñas actividades en la Bolsa -dijo- las he realizado siempre particular e individualmente y sobre estas bases seguiré haciéndolo"
Lo cierto es que Livermoore emergió de la crisis con una fortuna de 30 millones de dólares, cifra harto considerable en aquella época. La ruina generalizada había alimentado su propio enriquecimiento.
Desde que obtuvo sus primeras ganancias en las oficinas ilegales de juego bursátil, Jesse siguió a lo largo de su toda vida reinvirtiendo todo su dinero, sin guardar nada como reserva. Jesse era conocido por su inclinación a jugar a la baja y por el gran éxito financiero que alcanzó durante el hundimiento bursátil de 1929-1930. A principios de 1931, su fortuna personal total rondaba los 30 millones de dólares. Pero entonces -con 56 años de edad- perdió el dominio del "oficio". La explicación probablemente haya que atribuirla al descubrimiento de que su esposa, que por entonces ya era una alcohólica, estaba manteniendo una relación adúltera con un oficial del servicio de vigilancia del cumplimiento de la ley prohibicionista. Cualquiera que fuera la razón, Jesse no pudo evitar la pérdida total de sus recursos en solo dos años. El 4 de marzo de 1934 solicitó la declaración de quiebra, con una deuda total de más de dos millones de dólares.
Jamás pudo organizar una reincorporación al mundo de las finanzas. El 28 de noviembre de 1949 acudió al bar del Hotel Sherry-Netherland. Tomó dos martinis y saco su cuaderno de notas donde escribió sus últimas palabras: "Mi vida ha sido un fracaso. Mi vida ha sido un fracaso. Mi vida " Luego entró en los retretes, sacó una pistola y puso fin a sus días.
La lección que hay que aprender de esta historia es rebajar paulatinamente los niveles de exposición a medida que vaya creciendo la fortuna personal y el número de tartas en la vela de cumpleaños. Aunque la emoción del juego es lo que más puede importar a los especuladores -al margen del dinero que puedan ganar- el hábito de ir aumentando la exposición de manera ininterrumpida implica un riesgo significativo de perder, tarde o temprano, toda posibilidad de acceso al juego bursátil por haber perdido todo el dinero.
Psicología del mercado bursátil (Lars Tvede)
Texto obtenido del publicado por Enrique Gallego en su "Sentimiento de Mercado" en http://www.ctv.es/USERS/quicon/., con su autorización. Agradezco su gentileza.
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