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Adiós a la bota alemana
Ante el descalabro en los años setenta de los acuerdos de Bretton Woods que aseguraban unos tipos de cambio estables entre las monedas del mundo, los países europeos se vieron en la necesidad, para facilitar el comercio dentro de la Comunidad Europea, de inventarse serpientes monetarias y otras zarandajas, manteniendo una cierta estabilidad entre el valor de sus propias monedas.
La experiencia de la serpiente acabó abocando en un Sistema Monetario Europeo, concebido bajo su misma lógica pero añadiendo un indicador de divergencia para hacer que ninguna moneda prevaleciera sobre las otras.Intento fallido, porque el indicador pronto quedó arrumbado y el marco alemán acabó convirtiéndose, de facto, en la referencia, tanto por su peso específico como por el interés de los restantes países en utilizarlo como ancla del sistema, para doblegar sus propias tensiones inflacionistas.
España no participó hasta muy tarde en el Sistema Monetario. La reducida inflación promedio alemana frente a nuestra vocación inflacionista hizo que las autoridades españolas acabaran teniendo fuerte interés en ingresar en el Sistema Monetario, para utilizarlo como un corsé‚ que oprimiese nuestras subidas de precios. En el pensamiento de las autoridades estaba que las presiones inflacionistas internas se frenarían si los agentes económicos conocían que se mantendría una paridad estable con el marco por lo que nuestra inflación diferencial se transformaría en pérdidas de competitividad. Y la idea dio resultado en el largo plazo, a pesar de la movida que sufrió el Sistema como consecuencia de las tormentas monetarias posteriores al 92.
Convertido en la práctica el marco alemán en el rey del mambo del Sistema, la situación real en Europa acabó en que la política monetaria se dictaba desde Alemania y de acuerdo con los intereses exclusivos de ésta, viéndose obligados los demás países a seguir la danza impuesta por ella para mantener la paridad de sus tipos de cambio dentro de las bandas de fluctuación preestablecidas.
Puesto que las decisiones de política monetaria alemana se hacían en función de sus propios intereses, a los países integrantes del Sistema podían resultarles muy incomodas si su ciclo económico no estaba sincronizado con el alemán o si la reacción de sus economías ante las medidas de política monetaria era muy distinta de la reacción de la propia economía alemana. La primera de las causas enunciadas, poca sincronización del ciclo económico, fue la que produjo tras la reunificación alemana mayores desventuras al Sistema, con fugas sonoras, como la de la libra o la lira italiana, o una intensa tormenta monetaria sobre los que se quedaron dentro, como la peseta.
La puesta en marcha del euro con la tercera fase de la Unión Monetaria ha dado lugar a una única política monetaria para Europa, como en la práctica ocurría antes, pero no dictada exclusivamente por Alemania sino por los once países del Eurosistema y decidida en razón de los intereses de todo el conjunto del área y no como antes, en razón de los intereses exclusivos de Alemania.
España ha ganado, en consecuencia, la posibilidad de participar en la política monetaria real, de la que antes estaba excluida de facto. Puesto que las decisiones se toman con relación a los intereses de todo el área, pueden sernos molestas si nuestra sincronía con el conjunto es escasa o si la reacción de nuestra economía a las medidas que se adopten es muy diferente de la reacción del conjunto.
Un reciente estudio de Enrique Alberola y de Eva Ortega ha simulado a través de un modelo macroeconométrico mundial, el modelo NIGEM del National Institute of Economic and Social Research de Londres, la respuesta que las distintas economías europeas tendrían a una acción transitoria o permanente de la política monetaria común. La conclusión es interesante, por cuanto que la reacción de nuestra economía no es muy diferente de la del área en su conjunto pero sí de la reacción alemana. Así, no solo hemos conseguido participar en la política monetaria que se hace en Europa sino que ésta, al actuar para el conjunto y no solo para Alemania, se amoldará más a las condiciones de nuestra economía que la efectuada antes en solitario por el Bundesbank.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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