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El presente siglo que se extingue bien puede decirse que ha sido inflacionista, a pesar de que en los últimos años el mundo parece haber conseguido el medio de doblegar al dragón y teme incluso por los excesos de su victoria.
El origen de la inflación es variado. Puede ser inflación de costes, motivado por presiones salariales persistentes, o por elevación de costes de materias primas importadas, o puede provenir del lado de la demanda, por exceso de consumo, de gasto en general, que presione sobre los precios. Una vez suben los precios generan expectativas de que van a seguir subiendo y todo el mundo tiende a protegerse frente a la inflación, subiendo precios o pidiendo más salarios, con lo que se autoalimenta y las expectativas se autocumplen.
Bajo otro punto de vista la inflación es un impuesto encubierto. El Estado tiende a alimentarla a través de su banco central y como consecuencia le resulta más facil devolver sus deudas e incluso recauda más impuestos de sus ciudadanos (IVA, IRPF, etc..) si no modifica sus tarifas. Lo malo de tal impuesto es que no ha sido aprobado por el Parlamento, es decir, no es democrático, ni tan siquiera resulta justo. Pagan el pato los más débiles, los que no pueden defenderse del dragón.
A pesar de sus orígenes diversos, existe consenso bastante generalizado sobre la importancia del origen monetario de la inflación a medio o largo plazo. Eso quiere decir que la causa más señalada de la inflación está en un exceso de dinero, lo que tiene que ver con el banco central. Si el banco central del país es permisivo en la creación de dinero se generará inflación. Como los bancos centrales han sido siempre controlados por los Estados, generalmente ávidos de dinero, han sufrido tradicionalmente presiones para financiarlos usando la máquina de fabricar billetes. Las presiones crecen cuando las circustancias se agravan. Un país en guerra necesita cañones a mansalva y el banco central acaba abriendo sus puertas al Estado para ello: habrá inflación e inclusive será tan elevada que acabará en hiperinflación.
Una consecuencia del argumento expuesto es que la inflación no ha sido un tema exclusivo de este siglo que se agosta. Ha existido en muchas épocas y generalmente ha sido más acentuada a más licencioso ha sido el Estado. Cuando el dinero se plasmó fundamentalmente en metales -oro, plata, monedas- la inflación estuvo vinculada a su abundancia. España tuvo una inflación considerable tras descubrir América. Trajo entonces oro a manos llenas, con lo que el dinero abundó.
Cuando Alemania perdió la guerra mundial los aliados decidieron evitar que el banco central de Alemania pudiera volver a financiar otra guerra contra ellos y prohibieron expresamente al nuevo banco central ‑Bundesbank‑ que pudiera financiar al Estado alemán. El resultado práctico fue que los alemanes tuvieron menos inflación que el resto del mundo. Así se descubrió el truco para evitar la inflación monetaria: dar independencia al Banco Central respecto del Estado. Las consecuencias de lo dicho han alcanzado a los distintos bancos centrales de los países de la Unión Europea y al nuevo órgano de soberanía monetaria europea, el Banco Central Europeo, a quienes se les ha dado plena independencia de los Estados de Europa precisamente para evitar que sufran presiones inflacionistas y no puedan en ningún caso financiarlos. Al Banco Central de Europa se le ha dado también como objetivo prioritario la estabilidad de precios, para que no le tiente en ningún caso la inflación.
La lucha contra la inflación en Europa ha acabado dando frutos. El dragón parece vencido pero quién sabe si simplemente está dormido.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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