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Kamikazes, altruismos y consumidores

 El terrible atentado suicida del 11 de septiembre ha disparado los temores sobre un brusco cambio del comportamiento del consumo en los Estados Unidos, con trascendentes repercusiones negativas sobre el globo terráqueo que teme cubrirse  con un manto de incertidumbre, violencia y recesión.

 

Las acciones suicidas de los kamikazes han venido produciéndose en el mundo en los últimos decenios, especialmente en relación con el problema tamil y con la causa palestina de Hezbolá, Hamás y la Yihad islámica. La inmolación suicida constituye no solamente una moda cultural, que sin duda lo es, sino que hunde necesariamente sus raíces en el comportamiento biológico, puesto que nuestra especie no tiene la exclusiva de las acciones kamikazes sino que es una de tantas entre las que ejercen ese papel.

 

Los soldados de Globitermes Sulfureus, un tipo de termita africana, tienen unas extensas glándulas que les permiten arrojar por su boca una secreción amarilla que solidifica en contacto con el aire, atrapando a sus enemigos. Cuando su agresión es muy violenta, las contracciones abdominales que les facilitan arrojar la secreción se hacen tan intensas que su abdomen estalla esparciendo el líquido letal glandular en todas las direcciones y, por consiguiente, autoinmolándose cual si se tratasen de bombas suicidas ambulantes en favor de su causa palestina.

 

Lo mismo hacen algunas abejas de miel,  que disponen de aguijones con el gancho invertido, cual si fuesen anzuelos de pesca, con lo que sus ataques volantes sobre las torres gemelas de sus enemigos conllevan que su incendiario líquido venenoso penetre en la piel y que la abeja solo pueda retirarse dejando allí el aguijón y sus propias vísceras, por lo que se autosacrifican  para mayor gloria de su colonia.

 

Los ataques suicidas, aparte su violencia asesina,  son formas radicales del altruismo mediante las cuales el individuo se sacrifica en aras de su parentesco, su comunidad o su creencia. Difícilmente en los humanos se presenta ese altruismo extremo como una fuerza totalmente autoaniquiladora, como sí ocurre en los insectos sociales, sino que usualmente requiere venir acompañado de compensaciones, de recompensas, de reconocimiento heroico, de inmortalidad futura o de paraísos con ríos de vino y dulces huríes. Y eso significa que afortunadamente el altruismo humano no es de carácter radical, lo que haría insufrible a la especie,  sino que se trata de un altruismo blando, sujeto a intercambios y reciprocidades.

 

En tanto que es posible ahora que el consumo sufra las consecuencias puntuales y externas del shock provocado por el altruismo aniquilador es también el comportamiento altruísta de los humanos el que complica las explicaciones teóricas sobre los determinantes permanentes e internos del consumo.

 

Desde los tiempos de Keynes se ha vinculado el comportamiento del consumo con la renta disponible, a la que se ha considerado un factor determinante. Sin embargo, la obligada conexión entre ahorro y consumo ha llevado a la creencia de que las decisiones de consumo no se toman en función de la renta disponible actual, siempre cambiante, sino en razón de una supuesta renta de carácter permanente (Friedman). Un punto de vista complementario y más sutil es la hipótesis del ciclo vital (Franco Modigliani), en virtud de la cual se entiende que los consumidores tienden a equilibrar su consumo a lo largo de su vida, en función de su patrimonio y de sus expectativas de obtener rentas futuras, con lo que se endeudan en su juventud, cuando sus rentas son bajas, ahorran en su madurez, cuando su renta es mayor y desahorran en su vejez cuando sus rentas decrecen. Sin embargo, a pesar de la racionalidad de la hipótesis,  han surgido dos problemas para corroborarla. Por un lado, los jóvenes no se endeudan lo suficiente lo que se ha venido a explicar por las restricciones de liquidez  que ellos sufren por imperfecciones de los mercados. Por la otra, los ancianos no desahorran lo suficiente. La explicación de éste segundo fenómeno se vincula precisamente con el altruismo y es que las personas desean dejar herencia. Afortunadamente, esa es una manifestación de altruismo, que aunque también afecte al consumo, al menos, no aniquila.   

  

Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.


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