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HAL y la odisea del genoma

        Las mil y una antenas parabólicas que han nacido en nuestros tejados y ventanas, las comodidades y amplitud de las comunicaciones que han surgido en el mundo, la posibilidad de realizar espectáculos televisivos para todo el planeta, las facilidades de localización de barcos, de automóviles, o de personas mediante GPS, se deben en buena medida a Arthur Clarke, el más famoso habitante de Skri Lanka, a quien se le ocurrió concebir la idea de satélites artificiales en órbita geoestacionaria. Arthur Clarke es también el autor de la famosa obra "2001, una odisea en el espacio", que Stanley Kubrick consagró en el cine, convirtiéndola en una película de culto.

      Richard Dawkins es quizás el etólogo británico más polémico y famoso de nuestro tiempo, con sus tesis darwinistas acerca de los genes. Según él los genes, excelentes y virtuosos especialistas en copiarse a sí mismos, son los verdaderos seres vivos que mediante un comportamiento gregario y altamente competitivo consiguen la inmortalidad utilizando máquinas de supervivencia, como plantas, ratones, caballos, ballenas o humanos, simples envoltorios utilizados por ellos para sus fines.

      La teoría de Dawkins no resulta descabellada, atendiendo a la evolución del pensamiento científico, que paulatinamente ha ido despojando al hombre de su fatua concepción de centro y vértice del universo. Galileo nos descolgó del geocentrismo y hemos acabado en una de las barriadas de una galaxia insignificante. Darwin nos descabalgó del antropomorfismo y hemos acabado siendo una más de las muchas ramas de la diversidad biológica, sin títulos especiales que nos permitan considerarnos centro de nada. El punto de vista de Dawkins añade un plus adicional al despojar a los humanos de vida e integralos en el terreno de las máquinas al servicio de otros fines.  

      En su relato de la aventura espacial humana, Clarke incorporó al ordenador HAL, disfrazada forma de citar a IBM restando una letra en cada carácter, como elemento decisivo para la conquista el sistema solar. HAL es el ordenador de la nave espacial que, por razón de su propia inteligencia, pretende ejercer el control total y a causa de ello acaba enfrentándose a los hombres, sus creadores, en un duelo sin cuartel. La victoria humana frente a la máquina, a pesar de las dificultades, es la lección optimista que se desprende de aquella odisea espacial.

      El desciframiento del genoma humano se ha anunciado a bombo y platillo en el planeta, con Bill Clinton como maestro de ceremonias. La extraordinaria importancia del paso adelante que eso representa no debe dejar de resaltarse. El hombre dispone ahora del mapa de la vida y aunque todavía no sabe descifrarlo no tardará mucho decenios en entenderlo. Y entonces, habrá ocurrido lo que Clarke planteó en su odisea espacial. La simple máquina de supervivencia, el hombre, el HAL creado por los genes, pretenderá ejercer el control y dominar a sus creadores.

      Aplíquese la similitud con la obra de Arthur Clarke. A la revolución que representa el dominio del genoma, nueva odisea del milenio que abre campos inexplorados hasta la fecha, habrá que incluirle como riesgos, aparte los aprovechamientos con fines discriminatorios y de desigualdad, la reacción de los programadores frente a la máquina. Y esperemos que esta vez, contradiciendo el optimismo de Clarke, sea HAL quien gane la partida. En otro caso, vamos apañados.

 

 

Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.

julio 2000


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