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Grietas bursátiles
La sonda espacial norteamericana Pioneer-10, enviada a explorar nuestro sistema solar, nos ha proporcionado abundantes datos del satélite Europa, la fría luna jupiteriana cubierta de ingentes cantidades de hielo. Curiosamente, Europa tiene en su superficie intensas grietas y los técnicos asocian las mismas con la pulsión gravitacional que le provocan las otras lunas de Júpiter, Ganímedes e Io, deformando su superficie de hielo.
No son las grietas una exclusiva de Europa. Abundan por doquier, cuando pierde elasticidad la materia sobre la que inciden varias fuerzas. Se dibujan sobre los vientres de las embarazadas, se marcan con extraordinaria dureza sobre el barro seco o surcan de arrugas la piel de los ancianos. Pero se notan también en las conversaciones humanas, cuando pasa de pronto un ángel y un silencio de plomo vacío penetra en la conciencia de las personas o cuando un pequeño incidente polariza la convivencia de los pueblos y los que antes permanecían unidos se separan por razas o por culturas y se enfrentan entre sí, cual si un abismo se abriera ante ellos.
También en los mercados bursátiles aparecen grietas. Allí los compradores y los vendedores ofrecen sus posturas en un permanente tira y afloja que permite determinar los precios de los valores y que cambien elásticamente en una u otra dirección, según la fuerza que domina el mercado.
A veces, sin embargo, se producen huecos en las cotizaciones y el precio más bajo de un valor en un determinado periodo o día es considerablemente más alto que el precio máximo del periodo anterior o del día precedente. Se produce ahí un salto, un agujero en la cotización, un espacio en blanco en la continuidad del movimiento de los precios, cual si se hubiese abierto una grieta en el mercado y se haya roto la elasticidad sobre la que se tejía el ir y venir de las compraventas.
Las grietas de Europa parecen orientarse en una dirección, lo que ha resultado indicativo de la magnetización del satélite y de la posibilidad de que exista un mar de agua salada bajo sus hielos. Las grietas bursátiles también proporcionan información sobre lo que ocurre con el valor. Puede que la grieta sea un agujero común, derivado del bajo volumen de transacciones en un mercado estrecho y que nos informe meramente del escaso interés que el valor tiene para el público. La grieta tiene entonces escaso valor predictivo, si bien informa de la escasa liquidez de ese activo. Pero a veces las grietas se generan acompañadas de un importante volumen de transacciones y entonces actúan como agujeros de rotura que dan la señal de movimientos importantes al alza en los precios, cambiando la tendencia que hasta entonces mantenía el valor.
Tras los agujeros de rotura al alza pueden llegar grietas que expresen agotamiento porque la subida de los precios se frena en pocos días. Si tras ello surge una nueva grieta, pero esta vez a la baja, con el precio máximo del día notablemente inferior al mínimo del día precedente, la señal que se origina, llamada inversión de isla, previene de un importante cambio de tendencia en las cotizaciones.
Los saltos en los precios bursátiles, como las fallas tectónicas, la amnesia de las personas cuando sufren un shock, cual si tuviesen un agujero en su memoria, los lapsus linguae cual fisuras en el lenguaje hablado, son todos ellos grietas. Y de ellas, de seguir su evolución, de observar sus características, siempre pueden obtenerse provechosas conclusiones.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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