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La Bolsa y los hormigueros
Se han cumplido ahora 25 años desde que Edward Wilson pusiera en
marcha la Sociobiología con su sistemático estudio del comportamiento de los insectos.
Desde entonces los entomólogos han continuado sus observaciones y algunos de ellos han
acabado generando explicaciones para ciertos comportamientos bursátiles. La bolsa es
propensa a vivir intensamente el sentimiento de mercado, tendente al rápido cambio de
sentido, provocándose euforias, que arrastran a la desmesurada compra de unos mismos
activos o pánicos, con oferta de venta masiva de esos mismos activos. Lo curioso es que
el comportamiento de las hormigas sigue pautas similares y su estudio ofrece una
explicación al fenómeno.
Las hormigas se transmiten entre sí la información acerca de donde se
puede encontrar alimento, una vez ha sido detectado por una exploradora. Con esa
información, las restantes hormigas acuden disciplinadamente a la fuente de
alimentación. Pero no lo hacen, sin embargo, en todos los casos. En una pequeña
proporción, algunas hormigas prefieren seguir su propia aventura de búsqueda.
Los entomólogos han puesto a prueba a las hormigas colocando al tiempo dos fuentes de
alimentación de igual intensidad, seguridad y facilidad de acceso, siempre repuestas para
mantener el mismo volumen de alimentos en ambas. El resultado es que las hormigas tienden
a ir preferentemente a uno solo de los tesoros alimenticios, el primero descubierto y para
el que han sido persuadidas por la exploradora, pero, teniendo en cuenta que siempre hay
aventureras con afán persuasivo, se producen súbita y repetidamente cambios en la
preferencia por la fuente y el grueso del hormiguero tiende de golpe a pasarse a la otra
fuente, en sucesivos vaivenes.
Un economista, Allan Kirman, modelizó el
comportamiento de las hormigas, explicando los vaivenes en función de su capacidad de
persuasión y de su grado de aventurismo. Para determinadas magnitudes de esas variables
se pueden producir fuertes oscilaciones en la preferencia por una u otra fuente.
El mundo bursátil parece comportarse de similar forma.
Las preferencias de los inversores por un determinado activo o sector siguen pautas de
masivo interés o de masivo desinterés, llegando a provocarse intensas variaciones en el
volumen de contratación y en las cotizaciones.
El fenómeno no es privativo de las bolsas o de las
hormigas. Los bares de temporada son capaces de llenarse hasta los topes durante una
época y quedar desiertos en la siguiente. Las preferencias por la ropa siguen esas pautas
de moda o la propia opinión pública es un fenómeno sujeto a súbitos cambios. El
bipartidismo como sistema político parte de presumir que se generarán esos vaivenes. La
libertad de movimientos de capital en el mundo nos ha traído también inestabilidades en
los países, vividas dos años atrás cuando las emergentes economías asiáticas se
convirtieron en tigres de papel, debido a la forma en que actúan los gestores financieros
internacionales, propensos a moverse en pelotón. Los artistas son bien conscientes de lo
cambiante de la fama, que igual que viene se va. Las marcas están también sujetas a esas
bruscas oscilaciones en su interés para el público.
No solo las razones éticas han limitado a los padres,
ahora que es posible, la libre elección del sexo de sus hijos. Si su comportamiento
siguiese pautas similares a los del modelo del hormiguero, las generaciones futuras
serían, por decirlo de algún modo, muy peculiares. Como lo son las bolsas.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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