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Desde
que se publicó en 1832, a la muerte del mariscal prusiano Karl von Clausewitz su libro De la Guerra, escrito durante
sus años de retiro, el pensamiento del general ha
impregnado las mejores escuelas militares y su texto, independientemente del profundo
cambio tecnológico habido desde entonces, sigue siendo objeto de estudio y análisis,
porque desborda sensatez, aunque esté dedicado al terrible
y cruel acto de guerrear.
Detrás
de las grandes victorias de la historia hay siempre generales capaces de combinar coraje y
audacia con una amplia visión estratégica. También triunfan Napoleones en ámbitos como los negocios o la
inversión. Y todo inversor necesita
enfrentarse al mercado y ganar sus propias batallas aplicando también dosis de coraje y
audacia pero el triunfo está en manos de aquellos que saben tener la visión de un buen
mariscal de campo y aplican la sensatez a su
propio guerrear con el mercado.
Dice
Clausewitz que el principio fundamental del
arte de guerrear está en la fuerza. El ejército grande gana al pequeño y el pez grande
se come al chico. Dios está de parte de los batallones más grandes,
comentaba Napoleón. En los mercados de valores también se impone el principio de la
fuerza. La batalla por el precio de los títulos depende del volumen de los batallones de
dinero puestos en juego. Cuando las tropas de dinero comprador superan a las tropas de los
vendedores, el precio inexorablemente subirá. Un mariscal de campo bursátil debe vigilar
continuamente el volumen de dinero puesto en juego en el mercado porque él le va a
indicar hacia donde se inclinará el curso de la batalla.
Donde
no es posible una superioridad absoluta hay que producir una relativa en el punto
decisivo, aprovechando en forma eficaz lo que se tiene, dice el mariscal prusiano.
La inversión en chicharros bursátiles, generalmente valores de escasa capitalización, permite aprovechar el principio de la fuerza
relativa. Si las tropas de dinero a invertir son escasas, pueden ser sin embargo
relativamente fuertes en chicharros y provocar un calentón en los precios en nuestro
beneficio.
Para
Clausewitz el segundo principio fundamental es que la guerra a la defensiva es en sí más
fuerte que la ofensiva. Quien se sitúa en una posición bien defendida tiene mejores números para ganar que el agresor. La inversión en bolsa se aprovecha asimismo de la
superioridad de la defensa cuando el mercado mantiene una tendencia agresiva bajista. En
tal caso el inversor bien temperado debe acudir a posicionarse en valores refugio, en
valores defensivos, por que son capaces de resistir mejor la ofensiva tendencial.
La
persecución es un segundo acto de la victoria, en muchos casos más importante que el
primero, dice en su texto el Mariscal. Tal principio nunca debe olvidarse por el
inversor. Los buenos golpes victoriosos se alcanzan cuando se persevera en las olas
alcistas. Los stops de protección deben de
serlo para las pérdidas, pero no para las ganancias.
La
quinta columna no es una expresión sacada de la filosofía de Karl von Clausewitz, sino
de la guerra civil española. El peligro de que el enemigo disponga de una quinta columna
entre nuestras propias tropas es muy patente en el inversor bursátil. Y ello porque en la
batalla bursátil es frecuente que el inversor sufra
el quintacolumnismo en su propia mente. Las dudas, las vacilaciones, los rumores, su
percepción del sentimiento de mercado, le lleva en demasiadas ocasiones a dejarse
arrastrar por decisiones precipitadas. Contra la quinta columna bursátil sólo cabe la
planificación previa de las acciones, el riguroso cumplimiento de los stops loss y hacer
oídos sordos de las presiones e influencias externas. En suma, rigor, audacia y coraje.
¡Ahí es nada!.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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