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Lisette, la ola de la libertad
Cuando el presidiario Henri Charrière decidió huir de la Isla del Diablo no sabía que años después su seudónimo "Papillon" sería famoso en el mundo entero, gracias a la vitalidad y energía con la que fue capaz de relatar sus memorias. Tampoco sabía nada de un personaje llamado Elliot.
Papillon era iletrado, pero era listo y fuerte y disponía de mucho tiempo para observar. En el agitado mar del Caribe pudo encontrar la regularidad que le diera la salvación. Se trataba de cabalgar a lomos de Lisette, la gran ola capaz de arrastrarlo lejos de la prisión y que sólo se producía una vez de cada siete.
Por su parte, Elliot, hombre serio y alejado del mundanal ruido de Wall Street, también luchaba en su América natal con el mar embravecido de los gráficos bursátiles que pacientemente construía. Y también observó en ellos que las olas de los precios mantenían curiosas regularidades, no siempre exactas, en su evolución. Pudo captar cómo a un movimiento alcista le seguía uno bajista y tras él se formaba otro movimiento alcista de mayor intensidad y recorrido pero que rompía sin fuerza, por encima incluso del nivel alcanzado por la primera ola y tras ello se iniciaba el majestuoso viaje de Lisette, la gran ola capaz de arrastrar al mercado en un movimiento alcista prolongado, que ya no podría ser batido porque la siguiente ola sería incapaz de superar su cresta, dando lugar a un proceso bajista. Elliot supo descomponer los movimientos en un total de 8, desglosando las olas en su movimiento de ascenso y de descenso, a los que llamó ondas. Si la onda 1 es alcista, la 2 será bajista y la 3 será prolongadamente alcista. La 4ª será levemente bajista y la 5º onda será fuertemente alcista. Luego seguirán las ondas "a", bajista, la "b", alcista pero que ya no alcanzará el máximo de la onda 5ª y la "c", de nuevo bajista.
Papillon pudo alcanzar la libertad anticipando la llegada de Lisette y lanzándose desde el acantilado en el momento preciso en el que la gran ola podía alejarlo de la isla para siempre. Experimentó previamente lo que ocurriría si se arrojaba en manos de Lisette y pudo prever hacia donde lo arrastraría primero la ola y luego la marea y cuándo arribaría a la costa de La Guayana. Elliot también dio una pauta para anticiparse a los movimientos del mercado, previendo el movimiento de sus olas y su capacidad de arrastre, lo que facilita al observador del mercado una fuerza anticipativa muy superior a la de cualquier otro indicador, porque siguiendo el movimiento de las ondas puede inferir dónde se encuentra el litoral de su Guayana lucrativa.
El problema de Papillon era que el comportamiento de las olas, si bien reiterativo, dependía de las mareas. El de Elliot era mayor, porque la dependencia era más compleja y las irregularidades en el comportamiento del mercado eran mayores. Ahora bien, Elliot comprobó que sus ondas tendían a producirse en el intradía del mercado de un valor, pero también en períodos de tiempo más grandes e incluso en gráficos que detallan los movimientos de los precios a lo largo de años, en los que ya es imposible ver en detalle el movimiento intradiario o tan siquiera el diario. Así pues, sus ondas eran como muñecas rusas, que una vez abiertas permiten descubrir en su interior otra muñeca rusa y que hacen presumir que dentro también habrá otra muñeca rusa. Elliot vio, por tanto, que sus ondas eran independientes de la escala.
Ni Papillon ni Elliot pudieron conocer a Mandelbrot, aunque él sí se preocupó de litorales y se empeñó en medir la costa británica. Puede que a Papillon no le hubiera interesado el contacto, puesto que era antetodo un hombre de acción, pero Elliot hubiese disfrutado viendo que Mandelbrot construía objetos matemáticos con autosimilitud, capaces de parecerse entre sí independientemente de la escala con que se representasen: Fractales, se llaman fractales. Y mira por donde resulta que Elliot, sin saberlo, también anticipó que la Bolsa es un fractal.
Tampoco Papillon supo nunca que la costa que alcanzaba era otro fractal. Pero sí supo, y lo supo en grande y con mayúsculas, que los pasos que daba en ella eran pasos de libertad.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
Economista
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