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MARUJISMO BURSÁTIL
¿Conviene comprar? ¿Es hora de vender?. Son preguntas que el inversor bursátil se efectúa a menudo y para las que no existen soluciones únicas. Los análisis fundamental, técnico o chartista proporcionan guías de actuación para ello. Si el apoyo proviene del análisis técnico se puede decidir la entrada o la salida en un valor en virtud de algún criterio, de mayor o menor complejidad, utilizando estrategias de compraventa que basen las decisiones en el cumplimiento de señales proporcionadas por algún indicador o por la combinación de varios de ellos. Con el uso de esas estrategias se pretende obtener mayor rentabilidad que el inversor pasivo, la Maruja bursátil desconocedora de los mecanismos del mercado que entra en un valor con mentalidad de largo plazo y no se preocupa nunca más de las oscilaciones del mismo hasta que recupera finalmente su inversión.
Si se estudian las cotizaciones de buena parte de los valores del mercado continuo en los últimos 12 años, se puede observar que la estrategia Maruja, que compra los valores en 1.986 y los deja 12 años durmiendo el sueño de los justos es muy acertada, tanto por la rentabilidad obtenida como por la comodidad de no andar pendiente del mercado, y eso a pesar del reciente batacazo bursátil. Si nuestra Maruja hubiese comprado un valor hace 12 años, léase BBV, Santander, Telefónica, etc... y desde entonces hubiese aplicado el dolçe farniente, aún hoy disfrutaría de las mieles del triunfo en la rentabilidad y pocas otras estrategias de seguimiento sistemático del mismo valor, entrando y saliendo de él, con las consiguientes mermas por comisiones, podrían superarla. Claro que tal apreciación es válida porque el mercado fue tendencialmente alcista a partir de 1.995 y maruja montaba en caballo ganador.
Más interesante es observar un período de tiempo amplio en el que el mercado haya tenido un comportamiento más discreto. No es necesario cambiar de época, basta con limitarnos a observar un horizonte de tiempo también dilatado, pero solo de 7 años, en vez de los 12 anteriores. Si Maruja hubiese comprado en marzo de 1.988 y justo 7 años después, en marzo de 1.995, quisiese recuperar su inversión, se sentiría engañada al ver que su despreocupada estrategia de largo plazo la habría llevado por mal camino. Recuperaría al menos su inversión, sin rentabilidad alguna, olvidándonos piadosamente de la erosión sufrida con la inflación.
Si, por contra, se hubiesen aplicado estrategias activas de compra y venta durante esos 7 años, otro gallo cantaría. Quien hubiese seguido señales proporcionadas por indicadores líderes, que anticipan la evolución de la cotización, se encontrarían curiosamente en peor situación que nuestra Maruja. Tendrían pérdidas. Analizando el comportamiento del Ibex 35 durante esos años si hubiésemos efectuado compraventas mediante el uso sistemático de los indicadores más comunes, como el RSI o el estocástico, habríamos topado con el fracaso. Por contra, los que hubiesen seguido estrategias menos agresivas, utilizando indicadores seguidores de tendencia, como las medias móviles, que informan tarde al inversor pero indican con claridad hacia donde sopla el viento en el mercado, estarían pensando que la rueda de la Fortuna giró a su favor.
La consecuencia es clara. La confortabilidad de la estrategia Maruja depende vitalmente del momento de entrada en el valor. Lo que le ocurre a Maruja es que va montada en un caballo ciego y con tal compañero de viaje lo misma se visita el cielo que se descubre la inmensidad del abismo.
Si no es usted singularmente cómodo, quite la venda de los ojos a su caballo y apúntese al activismo bursátil, pero evite hacerle nadar contra corriente. No vaya a ser que se ahogue.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
Publicado en el Correo Financiero. Dic 98
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