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SABOR A MELAZA -El índice de Malestar- 

La bebida de aloja se prepara con algarroba blanca en un noque o un yuro y sirve de refresco, especialmente atractivo cuando toca sofocar los calores estivales. Preparar aloja no es fácil, como tampoco para los gobiernos es sencillo conseguir la mezcla adecuada de condiciones económicas que hagan a sus ciudadanos sentirse confortables. Para valorar la calidad del brebaje de aloja no es necesario disponer de gran instrumental. Basta con probar una pizquita humedeciendo los labios para saber si fermentó en exceso.

 Para medir los logros económicos de los gobiernos también se puede utilizar un mecanismo sencillo de valoración, que ya se encargó de divulgar el economista norteamericano Okun. Lo llamó "Misery Index" y aquí podemos llamarlo índice de malestar. Okun, que fue asesor gubernamental del presidente Johnson y que alcanzó gran fama en los años 60, concibió el índice como la simple suma de las tasas de inflación y desempleo del país. Lo que buscaba era medir el bienestar de los ciudadanos por la sencilla vía de fijarse en esos dos elementos, que cuando son elevados expresan desequilibrios graves de la economía perjudiciales para el crecimiento a largo plazo y que además causan gran impacto sobre la población.

 Si en el trópico se aliviaban los calores en los años 60 con el guarapillo, el masato, el aguapanela o la chicha, los políticos de todo el mundo se refrescaban con la curva de Phillips, que les permitía descubrir cómo actuar con sus economías, intercambiando inflación por paro. La curva les enseñaba que existía una relación inversa entre la tasa de paro y la tasa de inflación y por tanto que sacarían buenas notas cuando consiguiesen tomar iniciativas que mejorasen la tasa de intercambio entre esas dos variables. También puede perfeccionarse la fermentación de la aloja añadiéndole concho, que es su poso, sacrificando miel, pero hay que tener cuidado de no excederse y que salga aguamuerta, que de tan fermentada resulta dificil conservar la sobriedad. 

Han pasado los años y la curva de Phillips ha envejecido como lo ha hecho el guarapo, el ron cañita o la aloja que se ven expulsados por las bebidas de las multinacionales. La curva de Phillips y su soporte keynesiano se han visto apartados por otras escuelas de pensamiento que han incidido en la inviabilidad del intercambio entre inflación y desempleo a largo plazo e incluso a corto plazo. Pero esos problemas no le quitan mérito a un indicador tan sencillo como el índice de malestar, porque sigue dejando en evidencia cómo se está comportando la política económica en aquello que realmente preocupa al ciudadano. Claro que cabe modificarlo añadiéndole algún componente que permita medir mejor el malestar-bienestar de la población, como cabe suavizar la bebida de aloja incorporándole añapa, aloja fresca, para que no se note tan fermentada. 

Robert Barro, brillante economista norteamericano de nuestros tiempos, ha propuesto, entre otras ideas, que al índice de malestar se le pongan como añapa los tipos de interés a largo plazo, porque esos contienen las expectativas de inflación futuras. La reciente evolución del índice en España, a pesar del diferencial de desempleo que mantenemos con el resto de los países de la Unión, se le ponga o no añapa, destila una bebida suave, con sabor a melaza y cierto deje embriagante. Habrá que tener cuidado de que no se nos suba a la cabeza.

 

 Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.


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