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Dardos bursátiles

 Lanzando dardos sobre la página de las cotizaciones que se publican en los periódicos puede elegirse, según donde acaben clavándose sus puntas de acero, la cartera de valores que conviene poseer. No es imprescindible que se tenga buen dominio del arte de lanzar dardos ni disponer de una innata habilidad para la puntería. Antes al contrario, es bastante con ser un poco lerdo o una medianía en esto de asaetear. La elección siempre será buena, si no insuperable. Cuando los gestores y los analistas profesionales recomiendan comprar o vender tal o cual valor, ajustar la composición de la cartera de valores en más o en menos acciones de un determinado valor, sobreponderando un sector o infravalorando otro, no aciertan en general mucho más de lo que lo hará su pésima puntería intentando decidir a flechazos cómo componer su cartera. 

No es raro en los distintos mercados que se sigan comparaciones entre la rentabilidad obtenida con las carteras recomendadas por los profesionales y las carteras decididas por la mera técnica de asaetar a ciegas el periódico. Las comparaciones así son odiosas, sobretodo para los profesionales, porque el flechazo a ciegas tiene cierta tendencia a figurar en los mejores puestos del ranking de habilidad componiendo las carteras. En el fondo, para figurar entre los primeros del ranking se necesita sobretodo suerte, y de eso sabe mucho el juego de los dardos, además de saber diversificar adecuadamente de forma que se combine sabiamente rentabilidad con riesgo. El lanzamiento de dardos sabe diversificar muy bien,  especialmente si el lancero no tiene méritos especiales en eso de la puntería y sobretodo, elige valores poco correlacionados. Vaya, que sabe también diversificar el riesgo, de forma que compensa excesos y defectos en su elección.

 Se publicó hace algún tiempo en uno de nuestros periódicos económicos los resultados de una cartera de valores compuesta aleatoriamente, que dieron en llamar Mono Merlín. No duró mucho la publicación de sus resultados,  presumiblemente para no herir la sensibilidad de terceros, dada su vocación ganadora. Pero no es el único caso, sino que es lo habitual. La revista Forbes eligió en 1967 una cartera de valores lanzando 28 dardos sobre las cotizaciones del  New York Times. En 1984 tuvo que dejar el seguimiento de esa cartera porque la ola de fusiones de los años anteriores había hecho desaparecer la mayor parte de los valores seleccionados, pero no sin retirarse colocado entre los mejores puestos del ranking de rentabilidad, superando a la mayor parte de los profesionales.

 ¿Significa eso que los profesionales de la predicción son unos inútiles?. En buena medida sí, o al menos que sus consejos no son tan valiosos como aparentan. Pero sobretodo significa que el mercado es bastante eficiente y que los precios de los valores tienen incorporada toda la información y las expectativas del futuro. Significa que como consecuencia de ello el movimiento futuro de los precios es difícilmente predecible y que la construcción de una cartera capaz de batir persistentemente al mercado no parece tarea fácil. Significa que sólo aprovechando resquicios en la eficiencia del mercado pueden obtenerse beneficios por encima de la media. Y que no son muchos los resquicios que quedan en un mercado financiero desarrollado. Significa también que resulta lógico el éxito de productos financieros basados en índices de mercado. Y es que, si no se puede batir al mercado, al menos se puede seguir sus pasos.

 

Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.

 

 


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