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EL MILENIO QUE VIENE

    "Ende pintrix" es la inscripción que consta en el Beato de Gerona. Fue la monja Ende quien minuciosamente se dedicó hacia el año 975 en el Monasterio leonés de Tábara, por mandato del abad Domingo, a pintar ilustraciones del apocalipsis, junto con el fraile Emeterius y el copista Senior.

     El fin del Milenio pasado originó intensas visiones apocalípticas, iniciadas con los comentarios del Beato de Liébana. Ilustrar la lucha del Bien sobre el Mal en el fin del mundo de inmediata llegada fue entonces un éxito arrollador y motivó copias tan hermosas como el Beato de Tábara, el de Gerona, el de Turín o el que se conserva en la John Rylands Library de Manchester.

    También se nos acaba nuestro milenio e imaginamos apocalipsis informáticos con un turbio efecto 2.000 que desoriente nuestro complejo sistema de vida. Pero ahora que nos llega el fin es atractivo también imaginar cómo será nuestro mundo cuando cruzada la raya milenaria nos adentremos profundamente en el nuevo siglo. Y más que imaginar situaciones concretas, de improbable cumplimiento, es preferible pensar en las tendencias que dominarán el devenir del próximo siglo, con la vista puesta más allá del 2.050.

    Una primera tendencia será la del progresivo predominio de la asiatización del mundo. Por su nivel de actividad, población, tasa de crecimiento y renta per cápita esperable el mundo económico venidero tendrá tinte amarillo, aunque el poder militar se encuentre en otras manos.

    Otra tendencia que se apunta será la del debilitamiento de los gobiernos nacionales, a pesar del sarampión nacionalista que últimamente sacude al mundo. Los gobiernos nacionales, sometidos a las restricciones de grandes áreas de mercado único, perderán fuelle y competencias como lo hicieron en su día los gobiernos municipales y los controles que impongan serán más fácilmente eludibles por los ciudadanos. Las grandes áreas estatales tenderán a adoptar una postura laicista respecto de los sentimientos nacionales, confinándolos al campo de la privacidad, al igual que ocurrió con las religiones en el presente siglo.
   

    La imparable marcha del desarrollo biogenético es otra de las tendencias que pisarán con fuerza. La evolución biogenética tenderá a acrecentar la desigualdad, creando especies agrícolas de mejor calidad pero sometidas a derechos de propiedad. Las nuevas plantas cultivables llevarán incorporada sistemas de esterilidad controlada, de forma que se garantice el cobro persistente de los derechos de propiedad de la multinacional biogenética y se someta al agricultor, obligado en cada ciclo de cultivo a adquirir de nuevo las semillas, a una total dependencia. Por otra parte, la educación genética de la población ampliará la diversidad y debilitará la igualdad humana.

    No parece plausible pensar en un frenazo en el impulso tecnológico, que continuará actuando con gran fuerza, invadiendo nuevos territorios, dando lugar a la aparición de nuevos materiales, abriendo camino a nuevas fuentes de energía, extendiendo el desarrollo de micromáquinas y modificando profundamente la productividad.

    Otra tendencia esperable habrá de ser la del debilitamiento de la concentración espacial de los ciudadanos. Las macrociudades, producto del mundo industrial pasado que requirió concentrar la mano de obra y apoyadas hoy en las economías de escala que genera la aglomeración, encontrarán en el desarrollo de las telecomunicaciones, en el teletrabajo y la interconexión un punto de inflexión en su crecimiento.

    A lo largo de los siglos se ha ido produciendo, según ha aumentado la complejidad, un acortamiento de la vida de los imperios políticos. Si el imperio egipcio superó milenios, el romano no llegó a tanto y el español o el británico fueron cada vez más breves. En tal sentido, el imperio americano, cumpliendo con tal regularidad, si bien aún no habrá periclitado, estará próximo a su fin. Pero eso será otro cantar. También la monja Ende ilustraba el fin del Islam ibérico. Sólo se confundió en quinientos años. Total, nada.

10/11/99

Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.


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