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El abrazo de los PECOS

 

       Desde que se plasmara en 1957 el primer conato de integración europea se han ido desmantelando barreras arancelarias, comerciales, económicas, monetarias y políticas hasta llegar a la actual situación de Unión Europea con quince países participando activamente. Otros intentos, como EFTA o el Pacto de Varsovia, acabaron mordiendo el polvo lo que ha hecho que los países satélites de la URSS, una vez caído el muro, hayan orientado sus antenas hacia la Unión Europea como otros países del mediterráneo oriental, que también han sentido la fascinación de la sinergia europea.

 

La Unión pretende abrir la puerta para dar entrada a un gran pelotón de Países de la Europa Central y Oriental, los llamados PECOS, hasta un total de doce. Por una lado se encuentran los países del Grupo de Luxemburgo, que fueron los primeros en iniciar negociaciones para su incorporación. Se trata de Polonia, la República Checa, Estonia, Eslovenia y Hungría. Por el otro, los del grupo de Helsinki, más rezagados en todos los sentidos, entre los que están Letonia, Lituania, Eslovaquia, Bulgaria y Rumanía.  Además de ello, la puerta se abre para los pequeños países isleños, Chipre y Malta, lo que sumaría un total de veintisiete países en la Unión, que podrían ser veintiocho si fructifica Turquía como pretendiente.

 

       Si no se cambia el rumbo de las cosas, para el año 2004 se habrán integrado todos ellos, excepto los dos más pobres, Rumanía y Bulgaria, amén de Turquía.

 

       El abrazo de los PECOS va a constituir un shock para la Unión Europea. Sus instituciones políticas han tenido que variar para recoger la representación de tan amplio numero de países y las complicadas filigranas resultantes de la Cumbre de Niza, que contempló el nuevo marco de representación, no sería de extrañar que sean revisadas en la Cumbre Intergubernamental del 2004, dada su complejidad.

 

       Los PECOS van a ampliar el espacio físico de la Unión en un 33%, desplazando claramente su centro geográfico, e incorporan 105 millones de habitantes, por lo que reducen su densidad, porque esos nuevos ciudadanos solo son un 28% más para la Unión. La inyección de PIB que hacen es mucho más baja, de un 12%, similar a la que hace España sola y llegan con los bolsillos vacíos, con una renta per cápita tres veces inferior a la comunitaria.

 

       Todos ellos, salvo Rumanía y Bulgaria, han hecho los deberes cumplidamente en temas macroeconómicos, tienen bajos déficits públicos, baja deuda pública, fustigan la inflación y tienen una mano de obra baratísima, con salarios diez veces inferiores a los de la Unión, pero muy cualificada, similar o superior a la comunitaria.

 

       Con esas características, parece claro que los PECOS son y van a ser a futuro terreno abonado para fuertes inversiones directas del resto de los países miembros, aunque no precisamente de las empresas españolas que no ha sabido o querido hasta la fecha realizarlas, al haberse orientado hacia Latinoamérica. En todo caso, es razonable presumir que el río de inversiones del resto de la Unión hacia los PECOS mermará las que hoy se realizan hacia nuestra península.

 

       También parece obligado que una vez se levanten fronteras para el movimiento de trabajadores, se produzcan saldos migratorios desde los PECOS hacia el resto de la Unión, aunque las estimaciones que se han efectuado resaltan que esos movimientos no serán muy importantes e irán a parar a países de entorno geográfico y cultural próximo a los PECOS, como Austria o Alemania y muy escasamente hacia España.

 

       Las carencias en renta per capita de los nuevos miembros van a hacer necesariamente que los fondos de cohesión y las ayudas comunitarias en general se deriven hacia allí, frenando o suprimiendo las que ahora recibían los países de cola de la Unión, como España, Portugal, Grecia e Irlanda.

 

       A simple vista, el abrazo a los PECOS será un revulsivo para Europa, pero especialmente para los países que, como el nuestro, han gozado durante el decenio pasado del maná comunitario.  Tras el abrazo, nos dolerá el costillar.

 

 

Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.

 

           

 


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