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La pelota bursátil

 

En la playa en la que me encuentro un niño hace botar una pelota de ping-pong sobre su pala y mientras me tuesto al sol, lo observo en tanto que mi mente se traslada lentamente al mundo financiero. 

 

 

La bolsa, como lugar de encuentro, refleja en las cotizaciones de los valores la pulsión existente entre compradores y vendedores lo que hace que el precio de las acciones asciende o desciende en función de la importancia de la corriente compradora o de la corriente vendedora. Visto gráficamente el precio oscila continuamente y la cotización va dibujando un camino tembloroso en el que pueden observarse montañas y valles.

 

En ese subir y bajar del precio el valor parece comportarse como si fuese una pelota que rebotase al caer en el suelo para encontrar seguidamente un techo que  la obliga a un nuevo rebote. Pero eso sí, techo y suelo no permanecen estables sino que pueden cambiar de posición con alguna ligereza.

 

Cuando veo al niño de mi playa haciendo botar su pelota de ping-pong sobre la pala que sostiene en su mano estoy muy próximo a observar el comportamiento de las cotizaciones. Los botes de su pelota no son uniformes, sino que el niño usa su pala de forma que provoca que sean de diferentes alturas y cambia frecuentemente la posición de su mano a partir de la cual inicia el rebote hacia arriba. El niño, sin embargo, es capaz de conseguir un considerable numero de botes sobre su pala porque predice con habilidad cuando debe impulsar de nuevo la pelota hacia arriba y en qué momento y lugar debe colocar oportunamente la pala.

 

Siguiendo la conducta del niño podemos aplicar su mismo criterio para analizar cuando caerá la pelota de la cotización y cuando subirá. Para jugar con nuestra pala de ping-pong bursátil disponemos de un instrumento que han dado en llamar estocástico y que no es más que una medida estadística de cuanto ha oscilado en los últimos días la cotización de un valor.

 

El estocástico es una fórmula matemática muy sencilla, construida comparando en porcentaje la altura a la que está ahora la pelota frente al máximo recorrido de sube-baja que ha realizado en el último periodo, que generalmente se toma referido a una semana.  Si el estocástico da una cifra de 10, sobre un máximo de 100, significa que la pelota bursátil ha ascendido sólo el 10% de lo que ha subido últimamente, lo que implica que aun le queda un 90% de recorrido hacia arriba antes de que vuelva a caer.

 

 

Igual que puede dibujarse en un plano el movimiento que realiza la cotización de un valor a lo largo del tiempo también puede dibujarse en un plano el movimiento que hace en el tiempo el estocástico del valor y a la línea resultante la han dado en llamar estocástico K o línea K. Curiosamente el dibujo resultante es aún más nervioso que el visible baile de la cotización porque el gráfico del estocástico K es un interminable, profundo y terriblemente oscilante baile entre 0 y 100. Para dulcificar su viaje se calcula y dibuja también otra línea que llaman %D y que no es más que el promedio de los tres últimos días de la propia línea K.

 

Con el arma estocástica se puede hacer frente al peloteo de la cotización para decidir si conviene comprar o vender porque refleja con intensidad el vaivén que sufre la propia cotización. Cuando el estocástico K toma un valor intermedio, ni muy bajo ni muy alto, indica poco al respecto. Pero en cambio, cuando el estocástico K mide menos de 20, es decir, cuando indica que la cotización ha subido menos del 20% de lo que subió respecto del mínimo en los últimos tiempos, parece señal interesante de que el valor está sobrevendido. Igualmente, cuando el estocástico K mide más de 80% está indicando que poco recorrido de subida le queda, con lo que ofrece la idea de que el valor está sobrecomprado.

 

A pesar de que el estocástico da idea en sus valores límites de si un valor está sobrecomprado o sobrevendido, su nerviosismo es tan grande que difícilmente con ello está dando señal oportuna de venta o de compra porque muchas de esos avisos resultarán falsos.

Para que el estocástico de esas señales es necesario mitigar su exceso de nervios y obligar a que se cumplan más circunstancias. Para eso es precisamente para lo que se usa la línea que lo acompaña, la llamada %D, que como he dicho, no es más que un promedio del comportamiento en los tres últimos días de la propia línea K. Para que la señal de compra se produzca conviene que el estocástico K esté por debajo de 20 y que además la propia línea K corte de abajo a arriba a la línea %D, lo que no es más que decir que la pelota está iniciando su rebote hacia arriba y que lo hace con más prisa que otras veces. La señal de venta funciona a la inversa: la pelota debe estar muy arriba, con un estocástico K mayor de 80 y caer bien deprisa, o sea, con la línea K cortando hacia abajo a la línea %D.

 

En la playa el niño ha dejado la pelota para sumergirse en el agua. Mis pensamientos también.

 

 

 

Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.


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