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PER, la herramienta estrella
Una ojeada a las cotizaciones que se reflejan en los periódicos diarios permite distinguir con frecuencia entre los datos de cada uno de los valores uno referido al PER. Tales siglas significan price earning ratio, la herramienta más usual y la estrella más radiante del análisis fundamental.
El PER es la simple división entre la cotización o precio de la
acción y el beneficio anual que reporta ella misma. Tal ratio indica, a primera vista, el
número de años que deberán transcurrir para que los beneficios que se obtendrán de la
acción cubran su precio de compra. Si el PER de Sogecable es de 225, está expresando que
habrán de pasar dos siglos y cuarto con los beneficios anuales actuales para recuperar a
través de ellos la inversión efectuada en adquirir esa acción.
El PER es un instrumento sumamente útil para valorar si una acción
es barata o cara, sobre todo comparándola con las de otras empresas del mismo sector. La
comparación cabe hacerla no solo entre acciones de un mismo sector, sino también entre
mercados o bolsas, observando el PER de sus distintos índices representativos. Contra
más bajo sea el PER más barata está la acción o más barato está el mercado.
Sin embargo, a pesar de que el PER ofrece intuitivamente la idea de
si una acción o un mercado es barato o caro, el instrumento no está exento de problemas
y para utilizarlo, especialmente cuando se trata de comparar mercados, es conveniente conocer cómo y qué lo afecta.
Puesto que el PER divide precio entre beneficios, si lo vemos al
revés, es decir, a la inversa, expresa beneficios entre precios, o sea, la rentabilidad
que los inversores exigen a la acción o el mercado en cuestión. La rentabilidad que
exijan los inversores por estar soportando la acción tendría que ser superior a la que
pudiesen obtener si invirtiesen en algún activo plenamente seguro, como puede ser la
deuda pública, puesto que la inversión en renta variable les hace correr más riesgo.
Así, una forma más elaborada de comprobar si un mercado es barato o no es comparar el
inverso del PER (1/PER) con la rentabilidad de los bonos públicos a 10 años, que son el
activo clásico sin riesgo. En principio en tal comparación debería salir ganando el
inverso del PER, puesto que la rentabilidad de la renta variable habría de ser más alta
que la de la renta fija. Sin embargo, no siempre ocurre así y la causa está en el
crecimiento del mercado, porque los beneficios futuros pueden ser superiores que los
actuales y, en tal caso, cuanta más expectativa de beneficio futuro creciente exista,
mayor será el precio que se esté dispuesto a pagar ahora por la acción y por tanto,
mayor será el PER y menor será el inverso del PER. La rentabilidad del bono a 10 años
suele estar por encima del inverso del PER y eso es un síntoma de crecimiento económico
y expectativas de beneficios, más pronunciados cuanto más marcada sea esa diferencia a
favor de los bonos. Si la diferencia se reduce sensiblemente o si pasa a ser favorable al
inverso del PER conlleva detrás que el mercado descuenta expectativas futuras poco
atractivas.
Otro aspecto a tener en cuenta es que el PER es lógicamente
sensible a los tipos de interés, de forma que a más bajo sea el tipo de interés del
mercado más alto será el PER. Eso explica que el PER de la bolsa japonesa, cuyo país
mantiene unos tipos de interés muy bajos, sea profundamente superior al de las bolsas
europeas o americana.
Si se atiende a no olvidar la idea de que el PER está influenciado
por el crecimiento y por el nivel de los tipos de interés, su uso puede ser muy útil
para el inversor. De ahí que se haya convertido en la referencia analítica más
habitual.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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