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Precios volcánicos

 

Sabemos que Plinio el Viejo, acababa de tomar su baño de sol cuando le picó la curiosidad, casi dos mil años antes de ahora, el noveno día antes de las calendas de septiembre, al ver a lo lejos los primeros intensos nubarrones del Vesubio. El volcán llamaba a gritos la atención y un naturalista como Plinio no podía pasar por alto tal atractivo.

 

Los mercados bursátiles también atraen la atención del público cuando calientan motores y los precios comienzan a subir como densas nubes alzándose al cielo.

 

Plinio el Viejo dio pronto órdenes de partida a la flota que comandaba. Se hallaba en Misena pero aún tuvo tiempo de recibir aviso de su amiga Rectina, confirmando el fenómeno y advirtiendo de los riesgos que se corrían. También en Bolsa las noticias del fuerte ascenso de un valor se propagan fácilmente y llegan al inversor desde un alud de estímulos para comprar, que se refuerzan con la persistencia al alza de los precios, hasta prontos avisos del riesgo que se corre con la subida tendencial.

 

Embarcado Plinio, puso rumbo al golfo aproximándose al Vesubio. El espectáculo aumentaba y la lava brotaba sin cesar. El mar se embraveció y el viento en contra obligó a su flota a buscar refugio en Stabia -hoy llamada Castellamare di Stabia-, al otro lado del Golfo, enfrente mismo del volcán. A pesar del peligro, Plinio insistió en quedarse e incluso durmió plácida y ruidosamente, porque gustaba de roncar, en la casa de Pomponianus. A la mañana siguiente, todo estaba perdido. Las cenizas caían por doquier. Dos esclavos lo transportaron hasta la playa donde, cara al Vesubio, incapaz de reaccionar frente al diluvio de cenizas, murió asfixiado.

 

El inversor en bolsa no necesita morir como Plinio el Viejo, aunque sea deleitándose con la visión del volcán enfurecido, cuando se produce el cambio de tendencia y lo que eran alzas de precios se convierte en una lluvia de cenizas de precios descendiendo. Necesita por contra disponer de instrumentos, de bajeles capaces de enfrentarlo al mar embravecido y señales de alerta adecuadas que permitan inferir cuando se pasa del espectáculo al peligro. Necesita entrar en los valores cuando percibe que se generará un alza en sus precios, pero manteniendo claramente stops que le permitan salirse del valor antes de incurrir en pérdidas o, mejor aún, en mermas de beneficios.

 

Welles Wilder elaboró un buen sistema de stop. Se llama Parabolic SAR (Stop and Reversal), porque su aspecto gráfico se asemeja a una curva francesa y consiste en elaborar un indicador que se mueve obligatoriamente con el transcurso del tiempo, para aprovechar la inercia de las cotizaciones, pero que también se desplaza en función de las variaciones que sufren los precios. Así, mientras la columna de humo de las cotizaciones asciende, porque se inicia un flujo alcista, la curva del sistema parabólico de tiempo/precio se desplaza también hacia arriba paulatinamente acelerando su ascenso según transcurre el tiempo y humean los precios. Justo cuando la lluvia de cenizas llega y los precios caen, Parabolic SAR inicia su parábola de caída. El indicador da excelentes resultados para usarlo como stop de salida. Mientras los precios van por encima de SAR se puede mantener la inversión. Por contra, cuando los precios cruzan a SAR hacia abajo es hora de vender y huir del valor antes de que su caída nos arrastre, como a Plinio el Viejo, a un destino fatal.

 

Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.


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