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¿Somos muchos?

 Se quejaron a Dios los humanos del planeta tierra, porque eran muchos, no cabían y vivían hacinados en grandes bloques, apretujados en urbes de inmensos edificios, en rascacielos cada vez más formidables, en pequeñas viviendas con cajas de cerillas como habitaciones. “La Tierra se nos queda pequeña, no cabemos”, le decían. 

Pensó entonces Dios en darles morada digna y les dijo: 

 “He visto que soléis vivir muchas veces en familias, en edificios altos de cinco o seis pisos, pegados los unos a los otros, en pisos de 90 metros cuadrados. Quiero ser generoso. Haréis casas de máximo dos pisos de alto, porque no quiero que viváis en ningún caso hacinados. En cada piso de las casas solo habrá una vivienda, para que no tengáis que sufrir peleas de vecindad ni compartir ruidos de pared ajena.

 He visto vuestras habitaciones y el tamaño de vuestras casas y tal como decís, son pequeñas. Os daré algo más grande. Cada familia podrá tener una vivienda de 300 metros cuadrados solo para ella.  He visto también que muchos de vuestros edificios están unidos los unos a los otros,  pared con pared medianera, y vuestras viviendas son oscuras, sin que muchas veces pueda llegaros la luz.

 Haré que vuestras casas sean chalets independientes, sin que los unos se junten con los otros, sin paredes comunes ni adosados extraños. Alrededor de cualquier  casa siempre habrá al menos una franja de 5,5 metros de ancho, de forma que entre casa y casa nunca podrá haber menos de 11 metros de distancia, para que podáis en ellos poner vuestras calles o vuestros paseos y para que todas las paredes de vuestras casas sean exteriores y la luz radiante del sol  pueda entrar por sus ventanas e iluminar vuestras habitaciones”.

 Preguntó entonces Dios a los hombres si eso podía complacerles y enseguida le dijeron que nada más grato podían escuchar sus oídos,  porque casas tan grandes no las tenían más que unos pocos, muy pocos, porque estaban acostumbrados a pocas ventanas exteriores y él les ofrecía que todas ellas lo fuesen y porque 11 metros de respeto entre casa y casa pocas veces podían verlo en sus ciudades. Pero también le dijeron: “Señor, sabemos que tu deseo es ser generoso con nosotros, pero la Tierra no da para tanto, con todos los que somos. Ni ocupando los mares podríamos hacerlo”.

Cogió entonces Dios un atlas para mirar con detalle el planeta. Y les dijo:  “Tengo el sitio para vosotros. He mirado un atlas y he visto que la peninsula ibérica tiene casi 600.000 kilómetros cuadrados. Os pondré allí. Le dijeron entonces: “¡Pero si somos 6.000 millones de personas!”. Y contestó él:  “Precisamente por eso. Haced el cálculo y veréis que cabéis todos allí sin que rebaje yo ni un ápice lo que os he prometido”. Lo hicieron y vieron que Dios tenía razón. Y también vieron que aunque los seis mil millones de habitantes podían estar todos en esa península, aún les sobraba sitio en ella. Y los que lo miraron con más detalle vieron que solo en una de las ciudades de la península, que llamaban Barcelona, el atlas decía que  vivían más de quince mil personas en cada Kilómetro cuadrado y que la solución que Dios les daba hacía que solo hubiese diez mil personas en cada Kilómetro cuadrado, por lo que vieron que no les obligaba a vivir estrechos.

 Y vieron que si todos se quedaban allí donde les decía Dios, quedaba desierto de personas, totalmente vacío, el resto del mundo, desde la punta de arriba de América hasta la punta de abajo, y toda Europa y toda Asia y toda África e incluso Australia. 

 Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.


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