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Capitanes
de barcos monetarios
El objetivo de política
monetaria de los capitanes de barco de los bancos centrales es con frecuencia anclar el
buque en la dársena de un país con estabilidad de precios, para que las expectativas
inflacionistas de sus pasajeros queden amarradas a esas aguas tranquilas. Fijan de esa
forma una meta cambiaria explícita, un ancla nominal para sus monedas, eliminando la
discrecionalidad en la navegación monetaria y dejando muy claro al público que el ancla
no esta a la pendura, sino fondeada y muy fondeada, para de esa manera obtener mas éxito
en la reducción de la inflación, al ser transparente para el público la forma en que se
gobierna el barco.
Al utilizar el ancla
nominal, mejor que utilizar un rezon, que por ser ancla pequeña y sin cepo el agarre con
las uñas es débil, es preferible utilizar ancla con buena caña, fuertes brazos, cepo,
consistentes uñas y visible arganeo, porque contra más sólido sea el anclaje mejores
resultados se obtienen, sobretodo porque el barco puede ser vulnerable a crisis cambiarias
cuando asoman en el horizonte económico atisbos de galerna.
Para evitar levar el ancla
ante galernas, algunos capitanes dolarizan su moneda, estableciendo una vinculación tan
estricta entre la moneda del país y el dólar que el banco central se convierte en una
mera caja de conversión entre el billete verde y la moneda del país. Tan severo anclaje
cambiario exige fondear hasta con el ancla de la esperanza pero no por ello se consigue la
panacea y el oleaje de ataques especulativos contra la moneda puede acabar de todas formas
produciéndose.
Otros capitanes en vez de
vincularse a otra divisa prefieren echar el anclote usando una meta monetaria específica
y anunciando claramente que persiguen ese anclaje para que su gobernación sea creíble.
Lo hizo el Buba con éxito, pero el problema está en lo difícil que resulta el controlar
la masa monetaria si la bahía está poco
protegida, porque en ellas hay corrientes que comunican fácilmente el mundo monetario
interno con la mar abierta. Al final hay que soltar orinque porque la relación entre el
dinero y la inflación acaba siendo inestable y no es nada extraño tener que enmendar el
ancla.
El sistema más utilizado
actualmente para anclarse es el de vincularse a un objetivo explícito de inflación. Se
gobierna sobre ese ancla procurando un anuncio público de lo que se persigue como
objetivo a medio plazo para que sea conocido y creíble y se intentan amarres adicionales
para conseguir apoyos institucionales a ese anclaje que refuerzen su cumplimiento. La
mayor ventaja es que así se distrae la atención del público por el corto plazo y se
centra la atención en objetivos de inflación a largo plazo.
Desde
que la experiencia neozelandesa con ese sistema se inició, muchos países han acabado
siguiéndola con éxito. España lo hizo antes de integrarse en la Union Monetaria y ahora
lo hace Eurolandia, aunque el actual capitán del barco monetario europeo ha preferido
utilizar dos amarres al mismo tiempo, al vincular la gobernación del barco a una meta en
términos de tasa de inflación y apoyarse para su consecución en un objetivo de
cumplimiento de una tasa de crecimiento monetario. La estrategia de politica monetaria del
BCE en Eurolandia resulta más compleja de la
utilizada habitualmente por los capitanes de otros barcos y por ello, le va a exigir un esfuerzo de divulgación,
transparencia y comunicación superior al que han necesitado otros navegantes en las
turbias aguas de los mares monetarios para conseguir su credibilidad de experto marino
condecorado por mil golpes de mar.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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