Libanes Web
|
Siglo XX, el devorador de imperios
Ahora que ya
marcamos distancia con el pasado siglo y empezamos a saborear las mieles del nuevo milenio conviene mirar atrás
un poco para fijarnos en lo que se quedó por el camino.
El siglo XX ha
sido, cuanto menos, impactante por la intensidad de sus cambios. El planeta, desde que se
inició la Revolución Industrial en el siglo XVIII parece cual si se acelerase. Por los
cálculos que se hacen sobre el siglo XVIII se estima que el crecimiento económico se
multiplicó por 1,3 a lo largo de ese siglo, lo que no está nada mal, puesto que
significa que creció un 30% la renta del planeta. El siglo XIX consiguió aún más
éxito, multiplicando la renta de la población planetaria por dos. Los cálculos sobre el
siglo XX desbordan cualquier imagen de progreso de los siglos anteriores, porque en éste
la renta de la población se ha multiplicado por nueve y eso que precisamente la
demografía no se ha quedado quieta. A lo largo del siglo XX la población se ha
multiplicado por cuatro, lo que significa que la producción ha tenido que crecer a un
ritmo mucho mayor aún, multiplicándose ni más ni menos que por 36.
No todos los
países, sin embargo, han crecido con la misma fuerza durante el siglo XX. Los ha habido
prodigiosos, como Japón, que han multiplicado la renta de su población por 35, frente a
la media planetaria de multiplicar por nueve. España no ha tenido resultados tan
espectaculares como el antiguo imperio del sol naciente, pero sí mucho mejores que el
promedio mundial, puesto que ha multiplicado la renta de su población por trece y eso a
pesar de que entre 1939 y 1959 se aisló del resto del mundo. Precisamente los países que
han seguido estrategias prolongadas de cerrarse al exterior, sea mediante políticas de
sustitución de importaciones o mediante prácticas autárquicas han obtenido
comparativamente malos resultados, como Argentina, que únicamente multiplicó por 5 la
renta per cápita o Rusia, que lo hizo por seis.
El siglo XX ha
producido, por consiguiente, un cambio sustancial en el nivel de vida de la población,
sin parangón con ningún otro antecedente y ha venido acompañado también de políticas
generalizadas de apoyo al bienestar y de una lenta pero considerable extensión de la
democracia. Pero más que nada el siglo ha sido pródigo como ningún otro en cambios
políticos, mostrando una especial intensidad en la reorganización del poder. El siglo en
ese sentido ha actuado como un implacable devorador de imperios. La Gran Guerra no se
anduvo con chiquitas en aniquilar imperios y así desaparecieron a sangre y fuego el
imperio zarista, el imperio alemán, el imperio austriaco y de paso el imperio otomano.
Encima abrió las puertas de la debilidad del imperio británico y del imperio holandés
que fueron finalmente rematados también tras la descolonización, como consecuencia de la
2ª Guerra Mundial. También el imperio japonés fue devorado por el siglo y por último,
el imperio comunista, el único emergido en el periodo, enseñó sus pies de barro con la
caída del Muro de Berlín y se derrumbó estrepitosamente ante la atónita mirada del
mundo, dejando expedito el camino para que la pax americana, como en su día lo hiciera en
Europa la pax romana, se difunda por todos los rincones del planeta.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
Contactar con el Webmaster. - Somos solidarios y utilizamos correo benefico benmail.