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Bolsas: La otra Divina Comedia
Eurolandia refulge en un clima de estabilidad macroeconómica que aún
produce perplejidad en el ruedo ibérico, acostumbrado a lustros de
incontinencia inflacionista. A pesar de ello, la locomotora alemana lleva exceso
de lastre y parece demostrar poco fuelle frente a la economía norteamericana,
situada en el centro de la Rosa Celeste, avanzando a toda máquina con las
cualidades de un buen corredor de fondo, mientras su inflación se esfuma entre
tanta luz paradisíaca. Japón se encamina entretanto de la mano de Virgilio
hacia el octavo círculo de los Infiernos, el de Malasbolsas. Las economías
emergentes, situadas en las cornisas de la escarpada montaña del Purgatorio, se
ven sometidas a turbulencias financieras y mantienen perspectivas poco
estimulantes, con caída continuada de los precios de las materias primas y el
espectro de la deflación asomando por la ventana de sus moradas. España,
entretanto asciende al Empíreo tras beber en las dulces aguas del río Euroe,
mientras mira a su Beatriz, Eurolandia. Afortunadamente viaja con una situación
económica de signo claramente positivo, con fuerte dinamismo de la demanda
interna de consumo e inversión, aunque la fortaleza de su ascenso tienden a
desacelerarse y su sector exterior aumenta progresivamente su contribución
negativa al crecimiento.
En el cielo del Sol, movido por las Potestades, el entorno de estabilidad
y los bajos tipos de interés reales de Europa hacen más baratos el coste de
capital para las empresas y favorecen el aumento de la inversión en renta
variable. En tal sentido la Bolsa española, debido al mayor crecimiento de su
demanda interna, se encuentra en posición más favorable que otras bolsas
europeas para continuar con perspectivas alcistas su recorrido por el cielo de
los bienaventurados. Sectores como construcción, eléctricas o bancos,
aprovechando los tirones de uniones corporativas, parecen adecuados para
sobreponderar en la cartera con la que viajar por la divina floresta. No
obstante, la elevada exposición de las empresas españolas a sacudidas
iberoamericanas puede frenar esas perspectivas favorables y hacer que inversores
españoles desplacen parte de sus inversiones hacia otros mercados europeos,
ahora que no caben riesgos de tipo de cambio circulando por Eurolandia,
descubriendo que disponen de más gama de activos y de más opciones que actuar
en nuestros mercados domésticos.
La bolsa española mantiene en general un pulso más agitado que la bolsa
americana y que otras bolsas europeas, al igual que ocurre con nuestro ciclo
económico, generalmente más nervioso y más intenso, tanto en fase expansiva
como en fase recesiva. Ahora bien, la eliminación real de barreras de entrada a
los inversores españoles en otros mercados europeos, desaparecidos los miedos y
costes de atender a las oscilaciones del tipo de cambio, facilita la mayor
templanza de nuestra bolsa y aleja peligros de sobrecalentamiento de
cotizaciones. De todas formas, ante el riesgo de mal de altura en Wall
Street, beatífica madre de todas las bolsas, no resulta tampoco
inapropiado utilizar estrategias defensivas y con tal motivo llevar en las
alforjas valores de los sectores de servicios y de alimentación puede resultar
conveniente.
No sería grato para el autor de estas líneas toparse con Dante
precisamente en la cuarta bolsa del octavo círculo del Infierno, porque es allí
donde lloran en silencio los condenados que sufren castigo por falsos adivinos.
Aunque es difícil que se encuentren, porque se trata de una bolsa excesivamente
concurrida.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
19/3/99
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