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Desde que el principio de indeterminación de
Heisenberg entró como un viento huracanado en la física, desplazando a las
visiones mecanicistas o relativistas y abriendo camino a la cuántica,
la complejidad se ha ido esparciendo por todos los ámbitos y disciplinas
y han ido floreciendo toda clase de enfoques dinámicos que tratan de fenómenos
no lineales, de comportamientos caóticos, de sistemas adaptativos, de
atractores extraños, de fluctuaciones, de no-equilibrio, de bifurcaciones y de
sensibilidad a las condiciones iniciales.
La complejidad ha acabado convirtiéndose en el ingrediente principal del
pensamiento de los nuevos tiempos. También
llegó tiempo atrás la complejidad a la economía, haciendo famoso al Instituto
de Santa fe en Nuevo México o convirtiendo en lugar de culto a Los Álamos, por
ser en ellos donde se han cocinado las nuevas ideas, bajo el convencimiento de
que nada es extravagante (no idea is too crazy).
Un terreno bien abonado para aplicar la economía de la complejidad han
sido pronto los mercados financieros. En
Santa Fe enseguida surgió Prediction Company, como aventura empresarial para
analizar las cotizaciones bursátiles desde la óptica del caos.
El comportamiento inestable de los mercados de valores ha sido objeto de
muchos otros enfoques desde la óptica de la complejidad. Las matemáticas de la
Teoría de las Catástrofes pronto han servido para estudiar el comportamiento
dinámico de las bolsas de valores y para estudiar el impacto de perturbaciones
aleatorias producidas por causas externas a los propios mercados
Bajo el enfoque que iluninó Santa Fe la economía no puede interpretarse
como una máquina newtoniana, sino bien al contrario, como algo vivo, adaptativo,
sorprendente. La Teoría del Caos se ha convertido así en el paradigma
postmoderno, combinando determinismo e impredecibilidad, simplicidad y
complejidad, vinculando ramas y saberes y asociando el mundo físico con el
mundo social. Al pensamiento
complejo no puede resultarle extraño el que las leyes de la naturaleza se
encuentran también vigente en las creaciones sociales.
Recientemente The Wall Street Journal
ha informado de uno de los resultados del nuevo pensamiento de la
complejidad caótica. Se trata de las investigaciones
realizadas por Sandra Chapman, física de la Universidad de Warwick, sobre las
fuertes similitudes entre el comportamiento de las Bolsas y el de los vientos
solares. El equipo del que forma
parte Chapman en la Universidad de
Warwick, colaborando con la NASA y con la British Antarctic Survey ha medido los
niveles energéticos en el campo electromagnético de la atmósfera solar, con
vientos de quinientos kilómetros por segundo, sometidos a turbulencias, choques
y súbitos resurgimientos y han comprobado que los índices bursátiles tienen
similares fluctuaciones y el mismo modelo matemático es aplicable a unos o a
otros.
El estudio viene así a confirmar lo que ya anticipaba el lenguaje: Las
tormentas financieras se comportan como las tormentas solares.
Pero esa concordancia entre el comportamiento turbulento de la naturaleza
física y el de los mercados financieros no hace más que confirmar la solidez
de los enfoques de la complejidad.
La aventura de la complejidad, como decía Prigogine, uno de sus padres
fundadores, no ha hecho más que empezar. Y el mundo financiero es y será
especialmente atractivo para seguirla.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
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