Libanes Web

  Articulos: Vivir sin deficit público

Volver al menu principal


Vivir sin déficit público

Desde que el keynesianismo dio el pláceme a los desequilibrios presupuestarios como instrumento para la reducción de las fluctuaciones económicas el déficit público inundó paulatinamente a los países, sometidos a presiones sociales que demandaban más y más servicios públicos y atenciones sociales.

 

       Detrás de ello, las ventajas iniciales del déficit  para estabilizar la renta se convirtieron paulatinamente en problemas. El déficit requirió financiación y en consecuencia, los Tesoros se vieron en la necesidad de apelar a los mercados ofreciendo atractivas rentabilidades para los suscriptores de deuda pública, lo que se transformó en tipos de interés elevados que acabaron dificultando la financiación de los proyectos privados. Si para la financiación del déficit se apeló fácil recurso al banco central, posible sin independencia de éste del  gobierno, el exceso monetario que hizo sonar rápidamente la campanilla de la inflación.

 

       Los países desarrollados han sufrido en las décadas anteriores el flagelo del déficit público, cuyo volumen desorbitado tendió a transformarse en una losa para el crecimiento sostenido de sus economías. La concienciación sobre ese problema ha llevado en los noventa a adoptar a los gobiernos políticas decididas e incluso pactos supranacionales para no sólo poner el freno al déficit, sino además conseguir reducirlo significativamente.

 

       La economía española no ha estado ajena al fenómeno. Los abultados déficits públicos españoles han tenido como escenario elevados tipos de interés y significativas tasas de inflación. Los esfuerzos realizados en los últimos años y un viento internacional favorable han permitido reducir el déficit público hasta límites insospechados hace unos años y con ello se ha producido un espectacular descenso de los tipos de interés.

 

       A pesar del reciente desboque de los precios en España, el ritmo de crecimiento real de la economía es superior a la inflación y eso ha hecho y hace que los ingresos tributarios, normalmente vinculados al crecimiento real, superen a los gastos públicos, muy conexos con la tasa de inflación.

 

Por el camino que vamos, pronto asomará la insólita situación de disponer en España de un superávit presupuestario. Tendremos que estar preparados para la nueva situación, puesto que algo habrá que hacer con él. De entrada, cabe pensar en su empleo en la financiación de infraestructuras, que han sufrido muchas décadas un retraso secular. Se trata en sí de destinar el superávit al gasto, aún cuando lo sea en inversión. Pero no es el único empleo posible. Otra alternativa bien distinta sería aprovechar el superávit para realizar una rebaja de la presión fiscal, reduciendo los tipos impositivos y dando lugar a una reducción efectiva de impuestos.

 

       Caben otras posibilidades. Tantos años de déficit público han dado lugar a una abultada deuda pública, que tarde o temprano, deberá ser pagada por las generaciones futuras mediante un exceso de impuestos. El superávit puede emplearse para amortizar anticipadamente la deuda. Les haremos un favor a nuestros descendientes pero, más que eso, facilitaríamos ahora el descenso de los tipos de interés, estimulando la actividad empresarial.

 

       Los Estados Unidos han sido abanderados en la consecución del superávit presupuestario, que consiguieron alcanzar en 1997. Allí se propugna por la Administración la creación con el superávit de un fondo destinado a las pensiones públicas. Si bien eso transformaría paulatinamente el sistema de reparto de las pensiones en un sistema de capitalización, el problema central viene en ese caso del impacto sobre los mercados bursátiles americanos,  necesitados de un aterrizaje suave más que de un empujón al alza en sus cotizaciones. En España también podría destinarse el superávit a la financiación del sistema de pensiones, sin que las consecuencias bursátiles fuesen tan incómodas.

 

       La sociedad española habrá de acostumbrarse a la nueva situación y el debate político-económico tendrá que ir eligiendo el mejor derrotero. ¡Que todos los problemas tengan una cara así de risueña!

Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.

agosto 2000


Contactar con el Webmaster. - Somos solidarios y utilizamos correo benefico benmail.

Menu principal Bolsa Macroeconomia Derecho
Noticias Estrategias Modelos Diccionarios
Cotizaciones Indicadores Publicaciones Articulos
Software Señales Bancos Centrales Teletrabajo