Libanes Web
|
Las acciones de oro
Caminar hacia delante, con paso firme y decidido,
no es algo tan sencillo. Los barcos no siempre pueden navegar en línea recta y avanzan
muchas veces zigzagueando. La historia de las civilizaciones y de los pueblos se enzarza
en pasos adelante y atrás, en un permanente avanzar, orillar, retroceder y zigzaguear,
cual si fuese un hermoso fractal de Mandelbrot. Quizás es que la misma historia es un
fractal y por eso su trayectoria es siempre compleja y recursiva y únicamente avanza en
línea recta con rapidez cuando se produce un punto de ruptura .
Europa vivió intensamente en los años setenta y
buena parte de los ochenta un intenso complejo de paralización, de encenagamiento y de
ofuscación, que dio en conocerse como
euroesclerosis. La fosilización europea se percibía en las mil y un trabas que desde las
instancias gubernamentales más variadas se imponían al ejercicio real de los principios que propugnaba la Comunidad Económica Europea.
El desarme arancelario entre los países de la Comunidad se empañaba con toda clase de
restricciones técnico sanitarias que levantaban gigantescas murallas en sustitución de
los muros arancelarios. La historia de los países del entonces reducido club comunitario
como de aquellos que se aproximaban a ella, en suma, zigzagueaba. Se dio entonces, justo
cuando la maraña técnico-legislativa-sanitaria asfixiaba el espíritu comunitario, un
salto mortal en el vacío, cual si tocase ya el punto de ruptura, y se pasó a implantar
el mercado único, a constituir el embrión de la futura unidad, pasando de unas meras
siglas comunitarias a las de una Unión Europea y a abrir el escenario de una posible
unión monetaria, culminada unos años después, no sin sudor de sus participantes.
Tras aquellos afanes, marcado el rumbo, el paso podría ser teóricamente firme. Pero la
historia continúa la inexorable composición de su fractal y borda minuciosamente sus
costas serpenteantes, los recovecos de su paso titubeante.
Desde aquellos avances hacia la Unión la potenciación del mercado ha llevado a las
privatizaciones. Antes de ello hubo años de fuegos artificiales de las políticas
económicas, utilizando como ariete las empresas públicas, pero los escasos éxitos de
los gobiernos queriendo estabilizar y promocionar sus economías hicieron que los sectores
públicos de los estados, cargaditos de las más variadas frutas económicas, fueran aligerando su peso. Por aquí y por allá
los Estados han acabado vendiendo sus manzanas públicas, sus racimos de uvas
empresariales o los cocos estratégicos de sus países, cuando no, los mejores manjares de
sus coronas. La lógica del mercado ha retirado a los gobiernos a sus cuarteles y ha dado
paso a la iniciativa privada como protagonista.
Así, los gobiernos han reducido su papel en el mundo empresarial, lanzándose a las
privatizaciones por doquier en lo que constituye un canto en defensa del mercado y de la
iniciativa privada. Pero la historia nunca es lineal y las empresas privatizadas se han
visto asediadas por las acciones de oro. Aún cuando los gobiernos se retiran a sus
territorios de reguladores y dejan campo abierto a la libre iniciativa, el suyo no es un
canto entusiástico a favor de la iniciativa privada. Conservan el derecho de veto, lo que
se llama la acción de oro, sobre las decisiones posteriores de las empresas que
privatizan.
La acción de oro no es otra cosa que el paso atrás con el que se hace el bordado del
fractal de la historia europea. En aras de un impreciso y cambiante interés público se
reservan los gobiernos el derecho de autorizar previamente las decisiones de las que
fueron sus empresas y que privatizaron para mayor gloria del mercado único. Esconden
detrás de su acción de oro sus miedos nacionalistas de verse desbordados por la libertad
de movimientos de capitales y por la libertad de establecimiento de empresas. Sacan a
relucir su as de oros cuando las fusiones entre empresas, subproducto obligado de la
ampliación del mercado, pone en peligro la independencia nacional de sus antiguos
frutales estratégicos. Pero de ese modo erosionan los principios de libertad económica
de la construcción europea. Y recuerdan con ello aquella euroesclerosis que tanto les aquejó el ánimo.
Enrique Ibañes, en fecha anterior a octubre de 2002, a título personal.
Contactar con el Webmaster. - Somos solidarios y utilizamos correo benefico benmail.